sábado, marzo 25, 2006

Primer playazo valenciano

Hace un rato estaba ahí, en esas dunas, tomando el sol, disfrutando de los 27 grados y el viento que, aunque intenso, no llegaba a molestar. Es el primero de muchos días que voy a pasar tostándome junto a nuestro mar. Una hora o tal vez un par, no más, que las cosas poco a poco saben mejor. Que hacerlas de golpe sientan fatal.

jueves, marzo 23, 2006

Relaciones íntimas


relaciones intimas
Originally uploaded by celesj.
Sólo es un muestra de las cosas que se pueden hacer en la playa de Almería... con los pies. Si quieres ver todas las fotos que hicimos durante el fin de semana (bueno, todas no, sólo las que he hecho públicas y no están en el post anterior), puntea sobre la imagen y podrás verlas.

Almería, marzo de 2006

Las dos primeras noches de Fallas han sido, por suerte, las más tranquilas y las dos últimas en las que he estado en Valencia hasta que ha pasado el mogollón. Porque visto lo visto en la puerta de casa de Santi a las tres de mañana, entre el día 17 y 18, lo mejor que me podía pasar era tener una reserva en un hotel fuera, lejos de la ciudad, de cara al fin de semana.

En poco más de tres horas de coche estamos allí. Mojácar, el pueblo, en la cima de la montaña, a la vera del Mediterráneo pero cuya plaza principal de al interior, comiendo unos pescaditos fritos y unos calamares; poco más te dan cuando son casi las cinco de la tarde. La lluvia, discreta e inconstante, nos ha acompañado durante todo el trayecto, alrededor de cuatro horas de autovía.

¿Para qué ir tan lejos? Bueno, el sitio da igual, lo importante era irse. Y en el sur es más probable encontrar ratos de sol pata tumbarse en la playa y aprovechar que no hay nada que hacer para... pues eso, no hacer nada.

Y de todos los hoteles que aceptaban el bono, era el que mejor pinta tenía, todo hay que decirlo.

El caso es que en la costa almeriense el tiempo no ha sido muy distinto al que seguimos disfrutando por aquí estos días. A ratos parece que la primavera quiere irrumpir a empujones por entre las nubes, pero los rayos del amigo Lorenzo llegan escasos, aunque, eso sí, cálidos.

Tenemos una habitación grande, con dos camas enormes en un hotel estratégicamente ubicado para recorrer la costa. Aunque calculo que habremos estado más horas en el coche que en la habitación, despiertos. Otra cosa habría sido una tontería, la verdad.

Las playas almerienses son un poco distintas a lo que estoy acostumbrado. Muy solitarias, ciertamente, y no sólo porque sea marzo (aquí los ingleses son legión, mayoría casi podría decirse), sino porque están alejadas de las rutas más transitadas. Vale, bien, bueno, la de Mojácar es muy turística, y si subes un poco más, hasta Garrucha y Vera, hay centenares de complejos de apartamentos, resorts, clubes de golf, pareados, chalets... todo muy nuevo y muy amontonado. Eso sí, los edificios no suelen tener más de cuatro plantas; los que están junto al mar, digo. Eeeemm, sí, sobre las playas; piedras, muchas piedras, que hacen daño en los pies. ¡Ay!

Lo más bonito está hacia el sur, evidentemente. Una vez entras en el Parque Natural del Cabo de Gata, disfrutas del paisaje natural las más de las veces, unas curiosas montañas cuya vegetación es exigua y, desde lejos, parecen más peladas de lo que en realidad están; dice Eva que en verano está todo mucho más de color tierra, cobrizo (estuvo el verano pasado), se ve que las lluvias invernales le han sentado bien a la zona; descubres calas a bastantes kilómetros de la carretera asfaltada más cercana en las que un solitario chalet te da una envidia terrible, claro está, siempre que tenga antena parabólica y conexión de banda ancha a internet; es mucho más divertido, como casi siempre, circular por las carreteras secundarias y meterse por caminos que no sabes hasta dónde llegan, ya que es probable que te encuentres al final un lugar que si bien no es virgen, al menos resulta tranquilo y apacible.

Circulamos despacio y caminamos al paso por las calles, casi vacías, de los pueblos blancos, con las ventanas azules ("parecen Grecia", dice petate) y escuchamos ese acento dejao que tienen los indígenas. Aquí también son multitud los foráneos, pero en este caso son de otra clase; de los que vienen a trabajar, no de los que vienen a pasar el fin de semana con su bolsa de palos gracias a un billete de avión de 15 euros, que desde Valencia no hay manera de coger. Pasamos frío (se nota en las fotos, por eso llevo las manos todo el rato en los bolsillos) porque salimos a media mañana del hotel y hace sol, casi calor, pero cuando desaparece tras las montañas o las nubes de la tarde el viento azota y los pelos se ponen de punta (vale, bien, los de la cabeza me los tengo que cortar, que son pocos pero están desparramados y desproporcionadamente largos).

Dormimos, no está permitido madrugar en este fin de semana largo; nos ponemos como focas gracias al extenso bufete del inmenso restaurante y a la enorme fuente de pescado frito que nos sacan en un restaurante de algún puerto. No he tomado nota de los nombres de los sitios donde hemos estado, cabeza la mía.

Y regresamos, al fin.

viernes, marzo 17, 2006

Lejos

Hay todo un mundo más allá de esta isla.
Lejos, tal vez.
Lo único que hay que hacer es nadar.
Recuerda que te quiero.

viernes, marzo 10, 2006

El castillo ambulante


El castillo ambulante es una película para niños. Pero también lo es para mayores que tengan ganas de pasarse casi dos horas con una sonrisa incrustada en la cara, disfrutando de una hermosa historia mágica en la que lo único malvado es la guerra, el concepto y la realidad de la misma.

Mantener el interés durante tanto tiempo de un niño, que al fin y al cabo es el destinatario principal de la historia, no es tarea fácil. Los artistas del Estudio Ghibli, encabezados de nuevo por del gran Hayao Miyazaki, han mezclado sabiamente otra vez la animación tradicional con la generada por ordenador, para acercarnos a un país fantástico, un reino que recuerda en algunas cosas la sociedad europea de finales del siglo XIX, pero con artilugios voladores, magos y mucha, mucha imaginación.

La película adapta una novela de Diana Wynne Jones que ya había sido llevada al formato audiovisual en una serie de dibujos en Inglaterra. Pero aquí se junta lo mejor de la fantasía a lo europeo (con la creación de esa distopía tecnológica con gusto victoriano de calles adoquinadas y máquinas de vapor) con la magia japonesa, los encantamientos y las transformaciones provocadas por un maleficio, algo a lo que el bueno de Miyazaki nos tiene acostumbrados.

Deseoso estoy ya por ver la nueva obra de este equipo de producción, la adaptación de Los libros de terramar, de Ursula K. Leguin, que se estrenará en julio de este año en Japón. Aunque, a la velocidad que van, antes de que llegue a España me da tiempo a aprender japonés y comprarme el DVD en versión original para disfrutarla.

martes, diciembre 27, 2005

De muros y barreras

Esto de ponerle límites al monte, al mar y al desierto es algo que me sorprende sobre manera y me indigna a la par.

Leo lo que sigue:
El Congreso de México pidió hoy a los parlamentos de España, Portugal y los países latinoamericanos que rechacen la construcción por parte de EEUU de muros en su frontera sur para impedir el ingreso de inmigrantes.
Y por mucho respeto que me merezcan los congresistas mexicanos, ¿acaso no saben ellos que nosotros tenemos nuestro propio muro?

Sí, ese vergonzoso zarzal de púas de seis metros de alto y tres barreras, protegido por soldados que no pueden disparar, y que aísla un poco más a los habitantes españoles del norte de África del resto del continente donde se encuentran.

¿No tienen ambos la misma función?

Mantener alejados a los indeseables que no tienen dinero para pasar la frontera por los lugares controlados, con un pasaporte cuñado hasta tres veces y los bolsillos más o menos llenos de dinero, pero dinero al fin y al cabo.

Sí, los buenos sentimientos quedan muy bien en público. Es correcto meterse con el terrible muro que levantan los israelíes, o el que alzan los norteamericanos, pero las mismas voces deberían gritar por igual por la tropelía que se comete en el norte de África.

¿Es este el mundo que queremos, uno lleno de fronteras con policías y soldados por todos lados?

No dicen eso en los grandes eventos mundiales, ¿o acaso sí?

¿Tal vez será que las únicas fronteras que les interese borrar sean las que les impiden ganar más dinero todavía?

jueves, diciembre 22, 2005

miércoles, diciembre 14, 2005

Tan sólo 8 minutos

Leo que ese tiempo, 8 minutos, es el que tarda la luz del sol en llegar a nuestros ojos desde el centro de nuestra galaxia.

¿No es poco?

¿O tal vez sea demasiado?

Lo cual me hace pensar en la extraordinaria relatividad del tiempo. No, no en el sentido einsteniano de la palabra, sino en el casero, el real, el de todos los días. En cómo se te pasa el tiempo por delante sin que avances; en lo poco que realmente puedes hacer desde que un haz de luz que va a golpear en tu ojo en 480 segundos sale de la enorme masa solar.

"No hay tiempo, no hay tiempo", dice el sombrerero de Alicia en el País de las Maravillas. Nunca falta el tiempo, le contesto, no nos lo vamos a comer ni lo gastaremos por mucha prisa que nos demos en hacer lo que tenemos que hacer.

Y, sin embargo, siempre nos hace falta un poco más para acabar eso que dejamos a medias y que, algún día, deberemos finalizar.

21 gramos es el peso que, según la película, pierde una persona cuando muere.

¿No es poco?

Porque lo que se pierde es precisamente algo mucho más pesado de llevar que... 21 gramos de lo que sea.

La vida, ni más ni menos.

domingo, noviembre 20, 2005

Nueve añitos soñando

El niño de Nacho Carmona cumple nueve años. Se trata de un retoño especial, con muchas letras, imágenes y sonidos, y con un nombre curioso.

The Dreamers es el nombre de muchas cosas, el título de novelas y películas. Y también el de uno de los primeros que en España hablaron de tebeos en el incipiente mundo de la internete en el muy lejano 1996.

Fue entonces cuando lo conocí, aunque pasaron varios años hasta que comencé a colaborar activamente en ella. En todo este tiempo ha crecido, se ha desarrollado, ha estado a punto de morir (esos viruses, qué malos que son) y se ha convertido en el centro de la opinión de los aficionados a los tebeos españoles. Entre otras muchas cosas, claro.

Así que nunca es tarde para una felicitación, y menos para pasarse por allí.

Ya sabes, Nacho tiene una tienda repleta esas cosas que me gustan y está cercano el fin de año...

viernes, noviembre 11, 2005

De alfabetos muy antiguos

Leo en IBLNews un sitio de información interesante aunque de ideología católica (tienen una sección titulada fe cristiana, y el comentario tiene su porqué, no es gratuito) el siguiente titular:
Arqueólogos hallan dos líneas de alfabeto hebreo antiguo
Y alucino cada día más con la fuerza que tiene el lobby judío en los Estados Unidos.

Es que son la repera, oiga usted.

Llevo semanas leyendo cosas sobre el papel que tuvo la comunidad hebrea en el nacimiento de esa estupenda manera de comunicar del siglo pasado que me sublima y ocupa muchas de mis horas de vigilia (sí, los tebeos); del uso de la narrativa dibujada para explicar el Holocausto a las nuevas generaciones, de los nombres judíos que hay detrás de grandes figuras de este arte y hasta a algunos escribas americanos que se asombran de la fuerza que tienen dichos discursos, además de lo curioso que resulta que se amontonen ahora tantas expresiones en el mismo sentido.

Sucede lo mismo con las productoras cinematográficas (sí, los directivos de las más grandes empresas de película son... judíos), las cadenas de televisión (idem, de verdad, te lo juro), las editoriales...

Y ahora ésto. Transcribo.
La tablilla fue hallada durante excavaciones realizadas en junio en Tel Zayit, en las tierras bajas de Judea, Israel.

"Todos los alfabetos posteriores del mundo antiguo, incluyendo el griego, se derivan de este antepasado de Tel Zayit", dijo Tappy al diario The New York Times.
Están convencidos de que son los mejores. Que son los más grandes. Que tienen razón. Que son más fuertes. Que tienen más dinero. Que sus armas son más grandes y mortíferas. Que estaban aquí antes. Que tienen la gracia de Dios (sí, en mayúsculas, porque no es un cualquiera este señor, no).

Y ahora, de manera sibilina, destilan que han inventado, ni más ni menos, que el alfabeto.

Ya digo, si es que son la repera.

Cajas y cajas de tebeos

Llevo años, literalmente, organizando los tebeos de mi despacho. Desde la reforma, que comenzó hace ya casi seis años, y que provocó que todos fueran ubicados con cuidado en cajas y bolsas, que no fueron tratadas idóneamente por los peones que transformaron el piso en mi casa.

Durará mucho todavía el proceso de vaciado, porque hay cosas mucho más importantes e, incluso, hasta más urgentes, que hacer en estos días. Y lo que queda...

Pero en este día de mierda (climatológicamente hablando; gris, lluvioso, asqueroso), se ha hecho la luz y la sonrisa no se me quita.

El fin de semana hice una barbaridad. Entré en Amazon y me gasté MUCHO dinero en cuatro cositas a las que le tenía muchas ganas. Pensé... ahora es el momento. Se han juntado tres vicios y, de esta manera, te ahorras una pasta en portes, ya que llega todo junto.

Acaba de sonar el timbre del portal. Un señor de correos que me subía unos paquetes. Dos cajas. DOS CAJAS. Si yo no he pedido tanta cosa. Bueno, la verdad es que sí, pero no pensaba que... ¡¡¡DOS CAJAS!!!

Un libro, Men of tomorrow, escrito por Gerard Jones, que relata el inicio del cómic-book en los años 30 y la relación con las mafias americanas, y los judíos, y todas esas cosas que sin ser Historia, es el trasfondo que hace que los tebeos hayan llegado a ser lo que son, para todos pero también para mí.

El primer volumen de Fantastic Four Omnibus, un supertocho con los primeros 30 números de la colección y el primer anual. De cómo Stan Lee y Jack Kirby re-inventaron el género de los superhéroes. Imaginación, diversión, bonitos dibujos y muchos recuerdos sensibles. Una joya, vamos.

La caja con la segunda serie de The League of Extraordinary Gentlemen, tamaño extra-grande. Sí, son los de la película, pero no, no son los de la película. Esto es canela fina. Aventuras modernas ambientadas en una irreal Inglaterra victoriana, escritas por el mago Alan Moore, cuyos guiones completos están en el segundo volumen, junto con muchos bocetos de Kevin O'Neill.

Y... TODO CALVIN Y HOBBES. ¡¡¡TODO!!! Una caja sólo para esta caja, tres volúmenes que, por cierto, pesan un huevo. No digo más. Que me emociono.

Menudo fin de año me espera. No me voy de viaje. Me quedo en casa a leer. Así que tendrás que venir a verme, porque me he gastado todo lo que tenía. ¿No había dicho algo así al principio?

miércoles, noviembre 02, 2005

Mirar hacia detrás es bueno...

... pero andar hacia detrás no lo es.

Sabias palabras de mi gurú particular, Warren Ellis, cuyos tebeos consumo con fruición y cuyas columnas leo con morbo y curiosidad (mal)sana.

Uno, que tiene por costumbre mirar siempre hacia delante, no vaya a ser que se le lastime el cuello por girarlo, está ultimamente pensando más de lo habitual en las cosas que han sido, que fueron o que, precisamente, no fueron.

martes, noviembre 01, 2005

"Prepárense a sufrir"

En el tránsito hacia el amor hay desconcierto, ignorancia, vergüenza, dolor, ira y mucho sufrimiento. Nicole, el personaje interpretado magistralmente por Charlotte Rampling en Las llaves de casa, le dice a Gianni que sacar adelante a un niño enfermo (¿de qué? no es importante) es una manera de vivir, que no se dedica a otra cosa. Le dice, tambíén, que se prepare a sufrir.

Los quince años del niño no-actor alrededor del que gira toda la historia son el momento escogido por el director italiano Gianni Amelio para contar el primer encuentro con su padre. Para mostrar la perplejidad con la que un hombre maduro se enfrenta al momento más complicado de su vida. Para afrontar cara a cara la responsabilidad de la paternidad. Para disfrutar de la alegría y candidez de un adolescente que es todo ilusión. Para desplegar un torrente de emociones que hipnotiza a cualquiera que se aventure a observarlas.

Giusseppe Pontiggia es el autor de Nacido dos veces, de cuyas sensaciones se extrae la sustancia en la que está basado el guión de Las llaves de casa. La historia ya no transcurre en Milán, sino que partiendo de la capital piamontesa, viaja en tren hasta Berlín y finaliza en Noruega, donde se produce el reconocimiento final de la extraordinaria responsabilidad que supone tener a tu cargo a una persona discapacitada, como se le podría calificar eufemísticamente a Paolo. Donde las lágrimas al final explotan, tras una semana de ser soterradas, escondidas tras una forzada sonrisa y un “no pasa nada”. Es en la soledad de una carretera gris donde se produce la aceptación de lo inevitable, cuando el amor escondido hacia el hijo desconocido se impone a todo el sufrimiento nunca imaginado gracias a una sonrisa y a un abrazo.

Esas son sus armas, que les convierten en héroes cotidianos que salvan, día a día, la vida de los que les rodean.

Stardust, al cine

Una estupenda novela, que puede ser una gran pellícula. Aquí lo cuentan.
    La productora Paramount está en la fase final de las negociaciones con el cineasta Matthew Vaughn (Layer Cake) para dirigir y producir su adaptación del relato de Neil Gaiman Stardust. Vaughn ha escrito el guión con su compañera Jane Goldman.

    La novela de Gaiman publicada por primera vez en 1997, Stardust: Being a romance within the realms of faerie, está ubicada en una población de campo inglesa en la que se mezclan lo mortal y lo mágico. La historia está centrada en un hombre que le promete a su amada que recogerá una estrella caída por ella y se aventura en los terrenos mágicos, donde ha de enfrentarse con brujas, duendes, gnomos, animales parlantes y árboles vivientes.

    Stardust ganó el prermio Mythopeic en 1999 para una novela adulta, iba a ser producida originalmente por Dimension. Se ha desarrollado con la idea de acercarse a una historia de fantasía con trazos de comedia, con en La princesa prometida y La historia interminable.

La pequeña Lola

Es noticia que Bertrand Tavernier estrene una película. No lo es tanto que tenga que pasar casi un año desde su estreno en Francia para poder disfrutarla en las pantallas españolas. En cualquier caso, es un placer.

La pequeña Lola, que así se ha titulado en español, cuenta la historia de una adopción, la de una pareja que no puede concebir y decide viajar a Camboya a intentar hacer su sueño realidad. Pero sobre todo cuenta el infierno por el que tienen que transitar Pierre y Géraldine, que como ya explicó Dante, tiene varios niveles: la lluvia de la época de los monzones, la burocracia interminable, la superioridad burguesa de los franceses en el sur de Asia, las mafias que se aprovechan de las circunstancias, los ricos americanos y la desesperación, la impotencia.

Durante más de la mitad de la película, el director se dedica a desmenuzarnos las terribles condiciones de vida de los camboyanos y lo poco que pintan los franceses que viajan a ese país, tras haber completado una compleja maraña de papeleo ministerial europeo, en busca de un hijo que la naturaleza les escamotea. Como dice un indígena, la gente en Camboya sonríe por fuera pero lleva todo el dolor por dentro. No puede ser de otra manera cuando su vida es tan miserable como se muestra, circunstancia que se ve amplificada por el señoritismo de los franceses, en su hotel para extranjeros y su prepotencia, creyéndose merecedores de más atención que los demás pero quejándose de los americanos, que van en busca de los mismos niños, pero con mucho más dinero en el bolsillo.

Un país que tiene el corazón y el alma tan destrozados como sus piernas, consecuencia de los millones de minas anti-persona que todavía hay enterradas en los campos y que alargan la matanza, pero sobre todo la tristeza, que dejó entre los camboyanos el periodo de gobierno de los jemeres rojos. Hay un monólogo de un personaje, que sólo aparece para decirlo, en el que se retrata ese cruento episodio de la historia del país de una manera que provocará escalofríos incluso en las personas menos emotivas.

Deambular por Phnom-Penh, de oficina en oficina para que firmen papeles o te manden a otro lugar, permite que Tavernier nos enseñe las calles de una ciudad de casi dos millones de habitantes con calles sin asfaltar y con niños jugando al fútbol bajo la lluvia constante. Recorrer sus mercados y hablar con sus gentes, hurgar en todos los orfelinatos en busca de un recién nacido sin colocar, viajar al más profundo sur del país ("mira, aquello de allí es Vietnam"), hace que la actitud de los protagonistas cambie y, con ello, se dé paso a una segunda parte en la que ya no se usan los caros taxis, se aprende el idioma, se asiste a las fiestas tradicionales; en fin, se pierde el orgullo y se intenta sobrevivir a la tragedia que supone no encontrar al hijo deseado.

Los sentimientos de Pierre y los de Géraldine quedan reflejados, de manera circunstancial, en una grabación en cinta que van haciendo alternativamente, dedicada a ese hijo que tal vez se lleven de vuelta a casa, frente a las montañas nevadas, donde la abuela lo tiene ya todo preparado. Sus dudas, sus miedos, las peleas entre ellos provocadas por la extenuación y la falta de respuestas...

Hasta que aparece, milagrosamente, Holy Lola. Una niña de nombre impronunciable y que, por tradición, recibe el del orfelinato en el que es recogida. Ya llevamos más de la mitad de la película y la luz, la alegría, la esperanza llega, al fin, a las vidas de la joven pareja. Tal vez demasiada, porque el proceso de adopción es una verdadera carrera de obstáculo administrativos que se consiguen sortear con paciencia, dinero, chantajes y, en ocasiones, suerte; cuando el billete de vuelta está cerrado y el tiempo se acaba.

Puesto que, en definitiva, La pequeña Lola es la historia de una adopción, la película debe girar en torno a la niña, como lo hacen los sentimientos de los futuros padres y cuya felicidad explota en las calles de tráfico infernal. Lo hace en su parte final, la niña es el centro de las miradas y la atención de los protagonistas.

Para acabar, ya en el aeropuerto (donde empezó más de dos horas antes el relato), una mirada fuera de campo, a ese país en el que han pasado unas semanas interminables y al que prometen volver en busca de los verdaderos padres de la pequeña Lola.

jueves, octubre 20, 2005

Cuando el cielo estalla

No, no es una mala copia del título del engendro de Uderzo. Es una sensación que me ha venido tras leer la noticia de El País sobre las explosiones de rayos gamma que se han captado últimamente y que me trae la mar de emocionados a los investigadores de lo lejano.

Me resulta extraordinariamente sorprendente la cantidad de personas, a las que considero muy inteligentes, que dedican su vida a mirar al cielo e intentar explicar lo que ellos dicen que pasa. Porque, como es obvio, ni tú ni yo vemos lo que pasa, más que un circunstancial fogonazo provocado por un meteorito o las diversas fases de la luna que se producen de una manera la mar de natural.

Reconozco que, en ocasiones, yo también me quedo pasmado mirando por la ventana de casa, o andando por la calle, incluso conduciendo, observando el cielo y lo inmensamente grande y desconocido que es. Antes más que ahora; concretamente lo hacía con mucha frecuencia cuando estuve en el chalet viviendo. Atestiguo en primera persona que no es un tópico, que en el campo (aunque sea a escasos 20 kilómetros de Valencia) como que se ve más y mejor la cúpula celeste.

Ya no te digo nada en el desierto africano. Allí es que es la hostia.

Son divertidos los peregrinos pensamientos que me acuden cuando me hallo en tal circunstancia. Pasmado mirando hacia arriba, digo. Comprenderás que no los transcriba aquí, ya que al fin y al cabo no es del gusto de uno que se le rían en la cara, pero sí diré que las más de las veces producen emociones que, casi siempre, están la mar de escondidas en las capas y capas de cebolla que rodean al centro sensible, que no sé dónde está y que no voy a buscar ahora.

Así que encuentro fascinante mirar hacia arriba y, más aún, que otros vean lo que yo no veo. Como me subyuga que alguien pueda explicarme las cosas que no comprendo o de las que lo desconozco todo (debería haber escrito "casi todo", pero me ataca un extraño caso de modestia que no termino de explicarme). Y lo que me gusta escuchar a esa persona en cuestión cuando sabe hacerlo y quiere que yo le atienda. ¡Yo! Menuda suerte la mía.

Ya te digo, sólo son pequeñas experiencias que me permiten conocer a la gente que me rodea y que me ayuda a tenerlos más cerca cuando, en momentos como ahora (pasan de las dos de la mañana), están en otro lugar, con toda seguridad durmiendo, mientras yo observo el sucio cielo gris de la ciudad, con su cúpula de iluminación donde se refleja la luz que desprenden esas filas de lámparas y que me impide mirar más arriba.

Y las calles casi vacías.

domingo, octubre 16, 2005

Un viaje imaginario

Será, en alguna ocasión, real. Pero por ahora me limito a viajar con la mente a ese lugar tan frío, tan lejano en todos los aspectos, y tan hermoso.

Islandia es, al fin, una isla.

Donde me perderé cuando nadie me quiera encontrar.


La imagen la ha publicado Warren Ellis y la ha fotografiado su amiga Bara.

Una cierta melancolía

Ya están recogidos los toldos y guardados los cojines. Ya se han bajado las persianas y cerrado las puertas. El otoño ya ha comenzado para mi familia.

Este otoño no es metafórico, aunque bien podría serlo, sino más bien real. El traslado, las bolsas con la comida de la despensa, los animales en sus cajas... llega el traslado a la ciudad y, con él, la despedido al verde del jardín, al azul de la piscina, al rugir de fondo de las motos y los coches los días de carrera. Hola al gris, al humo, a los apretados metros cuadrados de la casa en Valencia.

También comienza otro tiempo. Para mí, al menos es así. Un tiempo distinto en el que no se puede mirar hacia atrás sin sentir... eso, una cierta melancolía. Como decía anoche Santi, "ahora el CEU es malo, el CEU es caca". Le haremos caso, ya que lo dice para bien.

Es una extraña sensación la de saber que mañana por la mañana no he de ir a trabajar. No termino de acabar a hacerme a ella. He estado, estas tres semanas, muy ocupado haciendo mil y una cosas, supongo que de manera inconsciente para que no me asaltara el miedo a lo desconocido, a la calle, a la inseguridad; para que no me afligiera la rabia de haber sido tratado injustamente; para que la gente que me rodea no se sintiera mal, peor, por la situación en la que me han obligado a estar.

Ser capaz de construir tantas capas alrededor de los sentimientos de uno no los ahoga, ni los disminuye, pero por lo menos disimula su expresión exterior. Son permeables, empero, y absorben todas las buenas sensaciones que me dan quienes me quieren y quienes siguen estando cerca, cada día, aunque haya cientos de kilómetros de distancia.

Y ya pasan cosas nuevas, como el viernes. Fue distinto, muy bonito en realidad. Un poco sorprendente, por lo inesperado. Una nueva puerta que se abre en mi vida.

Ahora es el momento de ir buscándolas.

Las puertas, digo, que quiero que se abran.

Y perder la vergüenza, y llamar a ellas, y preguntar si hay alguien dentro.

Y desear que me dejen pasar.

lunes, septiembre 26, 2005

Un gato enamorado

Cuando un gato se pone a hablar, es que está enamorado. O que se ha comido al loro.

Cuando un gato está enamorado, es que su dueña es una mujer hermosa. Aunque también puede vivir un loro con ellos.

Cuando la mujer hermosa es la hija de un rabino, entonces es que se trata de una historia de Joann Sfar.

El autor francés lleva sorprendiendo varios años con la originalidad de sus historias, la calidad de sus textos y la aparente sencillez de sus dibujos. La historia que nos cuenta en cuatro tomos publicados ya en Francia, de los cuales tres ya han aparecido en España, es sorprendente, hermosa, delicada, inteligente, profunda y muy emocionante.

La vida de un gato en una sencilla familia argelina, ambientada en la época de entreguerras, cambia cuando decide que el loro de la casa habla demasiado. Incapaz de decir si es judío o no, se enfrasca en complejas discusiones religiosas que el padre de su dueña, un rabino viudo que desea ver bien casada a su única hija. Es el mismo animal el que nos cuenta lo que ocurre, en una voz en off de frases cortas pero directas. O mediante largas discusiones con los miembros más radicales de la comunidad judía, que resume de una manera escueta y cruel.

Pero aunque un gato sepa hablar, sigue siendo un gato. Va a la suya. Hace lo que se le antoja. Está con quien quiere.

Dialoga plácidamente con un león, que es la mascota de un amigo de su dueño, que está de visita. O con un burro que sabe cantar en tres idiomas, lo cual es un problema, ya que según su dueño, desafina.

Y se embarca de viaje a París, cuando su recién comprometida ama va a visitar a la familia de su joven esposo. Y donde, su dueño el rabino, se queja del clima y duerme en una iglesia por no encontrar alojamiento.

Una historia que parece que habla de religión, aunque en realidad lo haga de cómo cada cual busca su lugar en su pequeño mundo.

¿Qué puede hacer callar a un gato cuando sabe hablar?

Según parece, invocar el nombre de Dios en vano.

Aunque tal vez sea la mujer de la que está enamorado, cuando ya no le hace caso.

miércoles, septiembre 14, 2005

No te enfades

Deja que la canción que suena al finalizar La vida de Brian sea la que te lleve por el camino de la tranquilidad.

Busca en cada momento el lado alegre de la vida y, cuando no lo encuentres, sigue buscando, porque seguro que está cerca.

Si tienes que estar serio, que sea por una razón importante.

Y si hay que pelear, afila antes las garras para que el contrario no se crea que estás panza arriba.

Pero, sobre todo, no te enfades.