viernes, agosto 12, 2005

Mira que tener que viajar a Canadá para mojarse...

Puedes ver las imagenes mas grandes y en otra ventana si haces click sobre ellas.







De visita al Guggenheim y de "cena" con Enrique

Puedes verlas mas grandes y en otra ventana si pulsas sobre la imagen.











En otro pais, mas lejos todavia

Bueno, podras comprobar que sigo sin poner acentos. Cosas de los americanos. Hoy tampoco pondre fotos, ma;ana con calma subire unas cuantas.

Acabamos de llegar -hace dos horas- de un par de dias en las Cataratas del Niagara.

Ha sido un viaje interesante, muy largo en realidad, pero que sin ninguna duda ha valido la pena.

Nos levantamos ayer de madrugada, eran poco mas de las sies de la ma;ana cuando salimos de la casa. Y no fue por capricho, ciertamente, ya que el recorrido nos iba a llevar a casi 400 millas de distancia. Esto es, mas de 640 kilometros. Y del tiron.

Bueno, no, porque paramos hasta cuatro veces. Mariana nos imprimio un par de hojas con todo el recorrido desde la puerta de su casa hasta la puerta del hotel: paso 14, desvio a la derecha por la salida 13 de la carretera 84 este en direccion a Buffalo, longitud del tramo 0'3 millas: asi, pero cuatro folios.

Conduce el Presi, que le encanta ir al volante, y Carol y yo nos turnamos a su lado para darle conversacion. No lo conseguimos durante todo el recorrido, ya que durante un rato (media hora, a lo sumo), caemos ambos en los brazos de Morfeo y el conductor tiene que entretenerse con las vistas. Contando arboles estaria, ya que es lo unico que hay desde aqui hasta Canada, ademas de algun lago.

Cruzamos el rio Niagara por el Puente del Arco Iris. Mira que son cursis estos americanos. Y nos adentramos en la peque;a Las Vegas, cuatro manzanas de centros recreativos y de ocio en la parte canadiense del rio, completamente distinto a lo que hay en la americana, que es un parque grande.

El hotel es es-pec-ta-cu-lar. Las vistas desde el piso 25 en el que esta nuestra habitacion son primorosas. Asi que deshacemos las maletas -por cierto, parecemos un equipo deportivo, ya que las tres bolsas son iguales, nos las regalo Mariana el martes- y nos dirijimos a la atraccion mas interesante. Damos una vuelta antes, ya que esta lloviendo. Nos preocupa mojarnos, sin saber lo que nos espera en unos minutos.

Se llama The Maid of the Myst, esto es, la dama de la bruma, y es un viaje en barco de aproximadamente media hora de duracion hasta el mismo centro de la caida de los millones de litros por segundo que resbalan por las cataratas. Hablo en plural, porque son tres. Y las vemos realmente de cerca.

Es emocionante. El ruido ensordecedor, el agua que te cubre completamente, la luz que se refleja y forma cienes y cienes de arcos de colores, aunque el dia no era realmente luminoso, ya que el cielo permanecia encapotado.

Carol llega a llorar, segun confiesa despues, de la emocion que le ha producido estar ahi abajo, sintiendo la fuerza con el movimiento del barco y el estruendo de la caida del agua. Es realmente hermoso. Como dice Emi, esto no se puede contar, hay que vivirlo.

Tras el breve y muy intenso viaje, regresamos al hotel. Nos preparamos, porque esta noche tenemos una reserva en al Skylone, un restaurante giratorio que esta en la parte superior de una torre de mas de 50 metros de altura y en el que se come de vicio, la verdad. Las vistas tambien son fantasticas, ya que al ser de noche se ve todo iluminado (mira que gastan en luz estos americanos, y nosotros en Espa;a comprando bombillas de bajo consumo); incluso las cataratas, ya que hay espectaculos de luces de colores utilizando las diferentes caidas de agua como telon donde reflejar las combinaciones.

Estamos hinchados. Tambien, muy cansados. Y la parejita esta noche no tiene intimidad, ya que compartimos dormitorio, asi que nos dormiremos pronto, que ma;ana aun hay que hacer mas cosas antes de regresar.

El dia amanece con la mejor de las sorpresas.

Mariana y Enrique han ido al hospital esta ma;ana, a las 6, para preparar con tiempo el parto. Ha entrado en el quirofano a las 8 de la ma;ana, y a las 8 y 35 ya tenia a su segundo hijo en los brazos. (Hay fotos, por supuesto, pero he de pedir permiso para ense;arlas). Al despertarnos, media hora despues, hemos llamado al padre y nos ha contado que todo ha ido bien, que estan los dos estupendamente. Una gran alegria para comenzar la jornada.

Asi que tras buscar un lugar donde tomar un desayuno mas o menos decente, y terminar en el Starbucks (como no!), volvemos hacia el rio, ya que hoy queremos bajar andando. El paseo por el margen del rio de la parte canadiense es un poquito decepcionante, ya que no es tal cosa, sino que te meten en un ascensor, te bajan 25 metros, caminas un tunel y, al final, ves las cataratas. Claro, estas a tan solo cuatro metros de la caida, y la chopada es de ordago, pero no andas realmente detras de la cortina de agua, sino que la ves desde una distancia prudencial (el agua llega a la parte superior a 65 kilometros por hora, imagina la velocidad que tiene al caer 35 metros mas abajo). Lo vimos ayer desde el barco, y nos lo han confirmado los anfitriones: desde el lado americano se anda por la ribera del rio y se pasa por detras de una de las caidas, como se puede ver en la pelicula de Marilyn que lleva el titulo del rio y de una de las cascadas.

Pero aun asi, la experiencia es muy interesante. Y humeda, por supuesto.

Al subir, el cansancio nos puede y nos sentamos durante casi media hora. Ya que nos espera un, de nuevo, pesado viaje por carretera de mas de 6 horas.

Nos recibe con una sonrisa, como no, Enrique. Esta noche la pasara en su casa. Besos y abrazos. Conocemos a los padres de Mariana, que han venido a verla. Hoy duermen aqui.

Como nosotros, que estamos derrotados.

Ese pedazo de Guggenheim

El martes en la ciudad consistio, basicamente, en una visita al Museo Guggeheim.

Y como hoy no toca poner fotos, dire sencillamente que el catalogo de la exposicion de Mapplethorpe adornadara la mesa del salon de mi casa. Para el que quiera venir a verlo. Tentado estuve de comprar una lamina de Keith Haring sencillamente deliciosa, o una vibrante de un cuadro de Rothko, o la de la composicion numero 8 de Kandinsky, o la de Juan Gris, de Picasso, de Cezanne, de Monet... Pero ya tengo la de Pollock que compre en el MOMA, y es suficiente.

Encima, el edificio es maravilloso. Las exposiciones principales esta colocadas en la parte interior de una espiral de cinco pisos de altura que, sin duda, has visto en mas de una pelicula. La obra circular que hizo mundialmente famoso a Frank Lloyd Wright y que definio un museo como un edificio singular dentro del cual hay cosas extraordinarias.

Solo una cosa tuvo de negativa la jornada, y fue el cansancio. Las muchas horas que andamos dia si y dia tambien estan haciendo mella en nuestra poco acostumbrada fisiologia, y los pies hacen pupita. Lo cual nos incita a probar los muy numerosos y ruidosos trasnportes publicos metropolitanos de superficie, asi que primero cogemos un bus, visitamos las galerias Bloominsdale, me compro unos calzoncillos rojos en las rebajas de la tienda de Diesel que hay enfrente (no tenian en mi talla el pantalon que queria comprarme y me negaba a marchar con las manos vacias), cogemos un taxi y, de nuevo en la estacion de autobuses, nos disponemos a marchar a Pomona, pronto porque ma;ana sera una jornada muy dura.

Llamamos a Enrique para que pase a recogernos por la parada cuando regrese a casa y, aprovechando la circunstancia, nos quedamos a comer por alli en un sitio de marisco -su comida favorita- en el que esta todo para chuparse los dedos.

Mariana, Alessandro y Susana estan fuera, en la rampa de acceso al aparcamiento, cuando llegamos. Todos nos marchamos pronto a nuestras habitaciones, porque la madrugada nos pillara a todos levantados.


[el portatil de la casa sigue sin tener acentos]

martes, agosto 09, 2005

Y acabamos el d'ia 3 en el estadio de los Yankees

Hoy voy a cumplir dos de mis grandes deseos en la capital del mundo. Bueno, uno no lo he satisfecho plenamente, me he quedado a las puertas por la rubia esa de bote que no me quer'ia dejar pasar. Pero el segundo no se me escapa, que lo tengo m'as que amarrado desde hace meses.

Era abril y servidor ya ten'ia las entradas del partido que iban a jugar esta noche los New York Yankees y los Boston White Sox. El primero de la temporada en el Yankee Stadium, en mitad del Bronx, en el que se iban a enfrentar los grandes rivales de las grandes ligas del b'eisbol profesional americano.

Para llegar a la calle 161 cojo el metro. Una mala experiencia, ya que pasan cinco sin que me pueda subir, de lo abarrotados que iban. Y, una vez en el vag'on, se para en medio del t'unel porque, dicen, hay obreros en las v'ias. Total, que un recorrido que se hace con normalidad en 15 minutos, lo completo en una hora. Paciencia.

Claro, al llegar, est'an esperando Enrique, nuestro anfitri'on, Carol y Emi desde hace un rato. Sal'i hace 12 horas de la casa y llego tarde a un sitio en el que sab'ia que ten'ia que estar a esta hora desde hace cuatro meses. Paciencia.

El b'esibol es un muy curioso deporte. Verlo es armarse de paciencia, porque como dice Carolina, no pasa casi nada en el campo.

Pero estar en el campo es toda una experiencia. Los colores, las banderas, la gente... sobre todo la gente, que es distinta a la que estamos acostumbrados en el f'utbol patrio. En general, son m'as gordos, la verdad. Pero tambi'en m'as calmados. Y eso que son los grandes rivales. BUCK FOSTON, dice un cartel cerca de donde estamos sentados.

Hacemos varias fotos y Carol graba con su DVD. Nos dirigimos a nuestros asientos, que para mi sorpresa no est'an cubiertos: lo cual es malo, porque en breve se pone a llover. El campo se ve bien, tal vez una parte de la zona exterior izquierda queda fuera de nuestra vista. Pero no es tr'agico, son buenas localidades.

Tras los imprescindibles perritos y patatas fritas, regresamos a nuestras butacas. Es la quinta entrada (como esto no lo sabr'a nadie, m'as o menos la mitad del partido) y, mientras los encargados arreglan un poco la arena, la parejita se dedica a hacer unas tonter'ias de las suyas delante de la c'amara, saludando a la famlia, en los asientos.

De repente, un tipo alto con una cosa amarilla por encima en la que indica STAFF se pone a decirnos cosas.

Que se nos quiere llevar la c'amara! Mire usted, buen hombre, que no sab'iamos que no se pod'ia grabar, que no somos ladrones ni terroristas, que si quiere le ense;amos lo que hemos grabado y, si se empe;a, hasta lo borramos.

Pero el tipo no traga. Que le demos el disco o que nos vayamos del estadio.

Carol y Emi se miran. En el disco est'a todo lo que han grabado durante los 'ultimos tres d'ias. Y, para chulos, los de Madrid. As'i que nos vamos.

El tipo de amarillo (no, yo no, el que trabaja en el campo) llama a una polic'ia y le dice que haga el favor de acompa;arnos a una salida. En el camino, la chica habla con Enrique, que le pregunta por las razones por las que nos expulsan del campo. "Seguridad", no hace m'as que repetir la madera. Claro, es normal, con dos minutos de caranto;as y saludos se puede provocar un desastre nacional.

Toca las narices, pero tampoco es para ponerse tr'agicos. Hemos visto medio partido, he tenido la experiencia que quer'ia y no pillamos atasco a la salida, por lo que llegaremos pronto a casa y podremos descansar m'as, que ma;ana regresamos a la city.

Paramos por el camino, para ver el perfil nocturno de la ciudad. El fulgor de la izquierda es la luz del campo de los Yankees. Del cual me despido hasta otra, ya que estoy seguro que volver'e. Y me dejar'e la c'amara en casa.


La visita, la decepción


Quinta Avenida, arriba y abajo. Mejor miro la hoja donde est'a apuntada la direcci'on.

Bien, toca desandar el camino. Y 350 n'umeros, ni m'as ni menos.

Bueno, ya que estamos por aqu'i, pasemos primero por Forbidden Planet.

Primera decepci'on del d'ia. NO es ni mucho menos grande; una de las (dos) plantas est'a cerrada y su provisi'on de c'omics atrasados es pobre (por no decir cosas feas, que hay ni;os cerca). Pero est'a en una buena zona, llena de facultades, gimnasios, en la Avenida Broadway, aunque muy lejos al sur de la zona de los teatros.

Andaremos hacia el norte, pues. Uptown, que se dice por aqu'i. Y, para que no quepa el error por ning'un lado, en la acera de los n'umeros impares, que es donde est'an las oficinas de Marvel Enterprises Incorporated, que es donde me dirijo.

Cuando pasamos por aqu'i el otro d'ia, poco antes de subir al Empire State Building, no se me ocurri'o mirar la libreta con la direcci'on. No era el momento. Aunque si lo hubiera hecho, me habr'ia ahorrado una caminata, porque est'a verdaderamente cerca y por esta altura ya hab'ia pasado esta misma ma;ana.

La fachada, como se puede observar, est'a en obras. Parece el mismito Madrid, oye pues. Cuando accedo a la recepci'on, un viejo negro (no me deja hacerle foto, sorry) me pregunta d'onde voy y, como no llevo pase, me hace firmar en una hoja de registro para permitirme subir al decimoprimer piso.

Salgo del ascensor y hay una peque;a sala blanca, una doble puerta de crital cerrada, un lector de tarjetas a un lado y un tel'efono al otro. Mi acompa;ante accede al interior gracias a su tarjeta y yo soy muy poco h'abil, ya que me quedo mirando y no paso a la sala de espera.

Consigo que la recepcionista, que me ha visto ya hace un par de minutos, me haga caso -mediante los gestos me ha ignorado completamente, y s'olo ha dirigido su atenci'on a otro sitio que no fuera la pantalla del ordenador ocuando he llamado por el tel'efono interno-. Le pido que me deje pasar. Me dice que no. Le explico que soy un periodista que estoy haciendo un reportaje sobre la ciudad. Me dice que no. Me pregunta el nombre de la persona con la que he quedado. Le digo que no he quedado con nadie, que s'olo voy a dar una vuelta y hacer unas fotos. Me dice que no.

Y cuelga. Concentrando toda su atenci'on en la pantalla del ordenador. Seguro que est'a leyendo la cotizaci'on en bolsa de los valores de la compa;'ia, no te jode.

Est'a claro que aqu'i no hay plan. Han puesto un buen perro de presa en la entrada y no hay manera de que muerda el hueso.

Mientras, tanto, evidentemente, por la puerta han entrado m'as personas que han mirado entretenidos mis infuctuosos intentos de colarme en los despachos. As'i que, humillado, me dirijo de nuevo al ascensor para bajar al mundo real, dejando atr'as las ilusiones de conocer la m'aquina de entretenimento que m'as me ha entretenido en mi vida a mis espaldas.

Entonces, el ascensor para el el d'ecimo piso y veo las oficinas de Marvel. La gente, currando. Y un cartel: VISITORS GO TO THE 11th FLOOR. Cuando consigo reaccionar, se me han cerrado las puertas y, en unos segundos, estoy de nuevo en el hall de entrada del edificio.

Dudo si subir al 10 y pasar de nuevo el trauma de no poder pasar, o dar por finalizada mi aventura marveliana. Pero dudo poco. Una hunillaci'on ha sido suficiente, en realidad no quiero provocar problemas, as'i que salgo a la calle y me dirijo a Central Park, a descansar los pies. Por el camino (bien, vale, doy una vuelta de la hostia, pero est'a en el camino que he recorrido) encuentro otra librer'ia de comic-books, Midtown Comics, donde completo las compras del d'ia.

Pasan las horas y ya estoy preparado para el espect'aculo de la noche. Porque esta noche toda B'EISBOL.

Manga, manga

Entre la quinta y la cuarta avenida, en la calle 41, hay una tienda de compra/venta de libros, v'ideos y cedeses de segunda mano, usados o nuevos, les da lo mismo a los chinitos estos.

Es el para'iso del manga. Que, para el que no lo sepa, es el nombre que se le dan a los tebeos en Jap'on y por el que los europeos los identificamos, diferenciando as'i de una manera bastante absurda -mediante nombres espec'ificos- las diferentes procedencias territoriales de las revistas repletas de historias dibujadas.

Lo mejor sin duda es la segunda planta, que est'a dedicada en exclusiva a todo tipo de comics japos, evidentemente en su idioma y formato original y todos, todos (los que he mirado, que son muchos, hazme caso) A UN DOLAR!!!!

M'as de un conocido llorar'ia de la emoci'on.

Ardillas descaradas

Ayer por la tarde ya me pas'o algo parecido en Central Park. Pero hoy ha sido tal ve m'as descarado. Sentado en el Madison Square Park, comiendo un bagel con queso, se me ha acercado una ardilla de un tama;o considerable. A un palmo, no m'as, se ha erguido y me ha mirado, pregunt'andome, casi mand'andome, que compartiera mi almuerzo con ella.

La he mirado y, sin hablar, le he dicho que ni de co;a , que era MI almuerzo y que se buscara la vida en otra parte. Lo ha comprendido a la primera, ya que no ha tardado ni cinco segundos en marcharse.

Poco despu'es, otra ardilla (s'i, era otra, seguro, ten'ia el pelo de diferente color, m'as oscuro) lo ha intentado por el flanco derecho. En esta ocasi'on se ha acercado inlcuso un poco m'as, a apenas cinco cent'imetros de mi hombro se ha parado. Ah'i ha hecho la pregunta de rigor y, como no pod'ia ser de otra manera, ha recibido la misma respuesta.

Hoy hay faltas

En el relato de la jornada se echaran en falta los acentos, porque estoy en un teclado americano.

Y lo sucedido el fin de semana. Porque no quiero dar tanta envidia a algunos que se que me leen y que estan currando pero, principalmente, porque el acceso al sistema es por tiempo limitado y como estamos todo el dia fuera, no da tiempo a contarlo todo.

domingo, agosto 07, 2005

Día 2. Un día en la gran ciudad

Resulta casi imposible planificar un día en NYC sin haber estado allí antes. No te puedes hacer una idea de lo grande que es todo, de lo lejos que está todo, de la cantidad de cosas que hay que mirar, que hacer, los edificios ante los que hay que pararse… y siempre con la presión de no perder el último autobús que te lleve a casa.

Lo primero que hay que hacer es madrugar. Estamos a una distancia considerable del centro de la ciudad, y levantarse pronto es casi una obligación. Aquí el personal madruga mucho, mucho, mucho para ir a trabajar, razón por la cual las líneas tienen una frecuencia muy grande entre las 6 y las 8 de la mañana; podemos emular su ritmo de vida, poner el despertador a las 6 de la mañana para estar en la parada del bus una hora después (hay que mover a tres personas y soy muy remolón) y llegar a la estación de Port Authority casi 100 minutos después de salir de la parada. Pero no, al fin y al cabo, estamos de vacaciones, así que esfuerzos, los justos. Por lo que decidimos salir de la casa (ESE PEDAZO DE CASA) a las 8 de la mañana, y llegamos a la gran ciudad cuando casi son las diez de la mañana.

¡Qué calor!

¡Cuánta humedad!

¡Qué grande es todo! (creo que me estoy repitiendo…)

Tres pisos de estación de autobuses y, antes de salir, comprobar los horarios y el andén desde el que partiremos de vuelta.

Ya estamos preparados para enfrentar el vértigo de las calles numeradas y las avenidas paralelas.

Salimos directamente a la calle 42. ¡La calle 42! Cuántas referencias. Sí, estamos en el medio de Broadway, con sus teatros y sus carteles de 6 pisos de altura, a dos manzanas escasas de Times Square.
Nuestro primer destino es el cielo. El techo de la ciudad, ahora que no están las Torres Gemelas. Nuestra primera imagen (bueno, la segunda en realidad) de la ciudad será desde arriba. Para ello, nos dirigimos al cruce de la 5ª con la 32 y compramos el CityPass para subir al Empire State Building.

Sólo hacemos una hora de cola, tenemos muuuuucha suerte. El ascensor parece una bala, la verdad, no te enteras que has llegado al piso 80 más que cuando miras el número rojo que lo indica. Si es que el de mi casa tarda más, y vivo en un noveno. Por supuesto, coges los auriculares para que te cuenten qué estás viendo (qué pesado el que lo escribió, la verdad; alguna información interesante pero un rollo que no veas).

Y alucinas con las vistas.


Una hora para darle la vuelta a la finca, comenzando desde el sur, mirando hacia el Down Town, la punta de Manhattan, donde está el distrito financiero y se ve, entre los grandes rascacielos, el lugar donde aún el 10 de septiembre había una pareja de imponentes rascacielos, cuya ausencia iremos a lamentar otro día.

Siguiendo las agujas del reloj, la estatua de la Libertad, Ellis Island, New Jersey, Central Park, Queens y Brooklyn. Y en medio, tantos lugares que, al nombrarlos la narradora del audífono, traen a la memoria todas las referencias culturales de mi vida: Wall Street, Hells’s Kitchen, Tribeca, Little Italy, el Soho, el West Side, la catedral de San Patricio, Central Station, el puente de Brooklyn…

Y eso que el día es muy brumoso y apenas se distingue más allá de los límites de la isla.

Carol y Emi compran postales y les regalan el imprescindible imán de la nevera. No, yo no compro nada; sólo alucino. Estoy en una nube.

Pero hay que bajar.

Regresamos a la calle, y nos dirigimos al MOMA. Sï, el Museo de Arte Moderno.

Elegimos la 6ª avenida para subir, pero el ambiente, las tiendas, la calle, no son del gusto de la concurrencia, así que regresamos a la quinta, donde parece que se pasea mejor. Otra nota para la memoria: cada calle es un mundo.

El estómago de El Presi (Emi) no está todavía del todo bien, la comida del avión le ha sentado fatal y hoy lleva toda la jornada a base de manzanilla, Gatorade y verdura. Así que paramos a comer en algún sitio en el que haya de todo, para que su flora intestinal se vaya recuperando poco a poco. Un local regentado por una familia de chinos que sólo hablan chino y un poquito de inglés, con lo que nos entendemos estupendamente con ellos. Y que venden la comida a peso: coges un recipiente y lo rellenas con lo que te venga en gana de entre las más de 70 cosas que tienen en un buffet de autoservicio, a 6’99 la libra, bebida aparte.

Tras el llantar, el andar.

Parada obligada en el Rockefeller Center. Fotos, vídeos, ¡¡¡FRAPUCCINO!!! He encontrado un Starbucks y ya soy un poco más feliz.

Y llegamos al museo.

Hay poco más de una hora para ver lo que queramos, ya que es nuestra intención regresar pronto a Pomona. Así que hay que elegir.

Y, claro, subo directamente a la cuarta planta a ver las pinturas y algunas esculturas.

Inenarrable.

Algo que no sólo no me gusta, sino que incluso llega a resultar desagradable. La gente va chillando por las salas; parece un supermercado; están ante algunas de las obras más importantes del siglo veinte y están pegando gritos; algunos, muy snobs, hacen comentarios cultos sobre lo que hay en las paredes en un discreto susurros, pero la mayoría del personal es más escandaloso que discreto.

Donde paso más rato es en la sala de la que cuelgan los Pollocks. Seis, creo recordar.

Es hora de salir. Paso por la tienda y compro un recuerdo; lo verás colgado de la pared del salón de mi casa este otoño.

Y es hora de marchar.

En la estación, en el autobús, de vuelta a Mount Ivy.



viernes, agosto 05, 2005

Día 1. Y llegamos a los EEUU

No vamos a hablar de la noche madrileña, por muy buenos que estuvieran los mojitos.

En este lugar contamos un viaje al otro lado del mundo, muy bien acompañados y excepcionalmente bien recibidos, así que relataremos el trayecto y la primera jornada.

Hacer escala en Amsterdam no era la mejor opción, sin lugar a dudas, pero era la más barata. Asi que allí nos plantamos, en la capital de la cerveza (holandesa). Y, como la pregunta es imprescindible -¿qué bebisteis en el aeroupuerto?- pues la respuesta es obvia: una Heineken. Pero no es la que conoces y disfrutas, no; la botella es más grande, de medio litro, y el contenido estaba realmente delicioso. Más abajo podéis ver un ejemplo.

El viaje desde la escala europea ha sido el más largo que he hecho en mi vida en avión. Aunque no necesariamente el más pasado, he de decirlo. Los asientos no eran los más cómodos del mundo, cada uno estábamos en un asiento separado de la misma fila, aunque las buenas palabras consiguieron que la parejita estuviera cogida de la mano durante las más de seis horas de avión y no me tuvieran más lejos que un pasillo de clase turista, lo cual es realmente poco, la verdad.

Comimos y bebimos muchas veces, más de las que me podía suponer, y fuimos realmente afortunados con el azafato que nos tocó, ya que era un chico realmente amable y hacía ímprobos esfuerzos por hacerse entender, aunque no tuviera ni papa de castellano. Efectivamente, como todos se pueden imaginar, comencé mi labor de traductor nada más llegar al aeropuerto holandés, una tarea que me gusta y que seguiré realizando durante las dos próximas semanas.

El sol de las 7 de la tarde nos estuvo acompañando durante más de cuatro horas. Parecía que no pasaba el tiempo, rediez, el brillo era constante. Me acompaña Pórtico, una novela de ciencia ficción de la que he leído cosas muy buenas, y merece la pena; ya lo puedo decir porque, claro, llevo más de la mitad. Como no dormí…

Llegamos un poquito más tarde de lo previsto, unos veinte minutos, un retraso normal según dijo el piloto. Estábamos un poco ansiosos, la verdad, porque sabíamos que Enrique ya nos estaba esperando en el hall del John Fitzgerald Kennedy.

Nunca imaginé que sucedería lo que pasó en el control de inmigración.

Si no habéis viajado a los EEUU, no habéis disfrutado de la extraordinaria redacción de la tarjeta de inmigración.
  • ¿Lleva usted componentes químicos peligrosos?
  • ¿Ha pertenecido o pertenece a un grupo terrorista?
  • ¿Lleva tierra de su país / soil ?
Las carcajadas cuando estuve rellenando el formulario fueron estentóreas.

Pero, nada más poner un pie fuera de la cabina del 747 de KLM, comencé a comprender que la sensación de paranoia que tenemos allende el Atlántico no va nada, pero nada, desencaminada.

Tres policías. Tres. Firmes. A un metro de la puerta. Con un pistolón que no veas. Mirando de arriba abajo a todo quisque.

“Está estrictamente prohibido hacer fotos”, sonaba de manera machacona por la megafonía.
Llegando a la zona de visado, más policía armada.

Y una cola… ¡TERRIBILE!

Una hora y cuarto para pasar la aduana.

Y no es que hubiera un solo puesto. No, había 36.

Pero los policías se lo tomaban con verdadera calma.

Te miraban. Te preguntaban. Primero el índice de la mano izquierda. Luego, el de la derecha. Ahora, quítate las gafas que te hago una foto… “¡Bellísima!”, le dicen a Carol, lo cual es cierto, pero la pobre está agotada.

El último, servidora. Fuera sombrero, fuera gafas, ese de la foto no soy yo. Pero si lo quieren así…

Antes de salir al hall, otro control. Otro policía uniformado te vuelve a mirar de pies a cabeza, te repasa el pasaporte, te retira la otra tarjeta de inmigración y, al final, ¡YA ESTAMOS EN ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA!

Nuestro anfitrión ha estado esperándonos dos horas en el aeropuerto. Se muestra muy paciente y, cuando llegamos a su 4x4, la primera sorpresa: un precioso ramo de rosas amarillas para nuestra mujercita.

De todos los aeropuertos que hay en la ciudad, nos toca el más alejado de la casa de Enrique y Mariana. Eso nos permite hacer un recorrido desde el norte de Queens hasta Pomona, donde nos alojamos.

¡Qué grande es la ciudad, Dios!

Pasan de las once de la noche, es miércoles, pero hay un tráfico de la hostia. El horario laboral, nos dice Enrique, es infernal. Más de diez horas al día, sin regresar a casa. Y, cuando lo haces, atascos y atascos y atascos.

Eso es lo que nos tocó.

Pero bueno, tuvo varias ventajas.

Hablamos con Enrique durante más de una hora, nos explicó cosas de los puentes por los que cruzamos (cuatro), vimos el skyline de New York por la noche, y, al final, llegamos a esa maravillosa casa que comparte con su mujer, Mariana, su niño Alessandro, y la chica que lo cuida, Susana.

¡¡¡Y menuda casa!!!


Dejo una imagen del exterior, que se merece un post aparte.

Pasaba bastante rato de la medianoche, pero aún así nos sentamos los cinco a tomar una ensalada. La anfitriona no comió, pero no acompañó a la mesa igualmente. Bebimos vino, español por supuesto, y cuando casi eran las dos de la mañana, decidimos irnos a dormir, ya que el señor de la casa tenía una reunión en su trabajo a las 8 de la mañana.

Así que buenas noches, amiguitos.

Luego, tal vez, más.

martes, agosto 02, 2005

La pragmática vence a la poética

Si tuviera un espíritu marinero, ahora mismo estaría sumido en un profundo desasosiego, ya que mañana comienza un viaje hacia las Américas en el que se demuestra que hoy, el viaje, es lo de menos, un mero tránsito. Se ha perdido el camino, que se ha tornado en traslado.

¿Qué otra cosa si no es salir de una ciudad mediterránea camino del otro lado del océano, y dirigirse tierra adentro para hacer escala en una ciudad que por todo puerto tiene un río con el agua poco más que estancada? No me rebelo contra ello, y sin duda que el destino merece dicho peaje, pero no puedo llamarlo viaje como lo fueron los que describieron los poetas en sus relatos épicos, que tal vez no fueron más que oníricos.

El medio es lo más cómodo. El avión es lo más rápido. Pero en el interín, desaparece toda sensación de espacio recorrido y se cambia por un trastorno físico que, de manera abrupta, te engulle cuando se ha completado el recorrido sobre las nubes y has llegado, apenas algo más que súbitamente, al otro lado del mundo, y no te has enterado.

Claro que, una vez allí, no hay sitio más que para el gozo. Continuo. Sin apenas descanso. Pero despacio, para llenarse de los aromas, las luces, los ruidos y los silencios que tan bien recuerdo sin haberlos conocido aún.

Así que partimos.

lunes, agosto 01, 2005

Un día en las carreras

CJLC, en un trance de la carrera
Si conducir un coche es una experiencia muy divertida, hacerlo en un circuito y sin mas limitaciones que las ruedas que lo delimitan es... extraordinaria.

Ayer sábado, por la mañana, nos lo pasamos como verdaderos chavales en el circuito de Cheste.

Aunque había podio y champán para el ganador, que se extendió sobre todos los participantes pasado el mediodía; no era el grande, el que sale en la tele, sino uno más discretito que está en el exterior y donde se hacen carreras de aficionados sobre carts.

Gracias a la sagacidad del cuñao, ese Quique que quedó subcampeón otra vez muy a su pesar, corrimos y corrimos y servidora quedó en un más que meritorio segundo puesto... ¡¡¡por la cola!!!

La posición final no es importante. Al menos no lo es para mí. Sí que lo es la diversión, las risas, los temblores de manos, esos choques frontales que están prohibidos, dar una vuelta completa haciendo trompos en cada curva, conseguir la vuelta más lenta de los 29 participanes con unos muy meritorios 71 segundos y medio cuando el récord del circuito está en 37"34 décimas... incluso el dolor de espaldad del día de después.

Aunque sólo conocía a otros cuatro participantes –el mencionado Enrique, Picolo, Emi y Ángel–, la mañana se pasó estupendamente entre botellas de agua, fanta y sobre todo mucha cerveza, pastas y olor a gasolina. Si acaso, faltaron las animadoras, ya que las mujeres que acudieron no estaban por la labor de enseñar sus... argumentos.

Hay dos imágenes. Ambas, con demasiada luz, porque el día era realmente soleado y la máquina no está preparada para tales circunstancias atmosféricas.

La que está bien encuadrada corresponde a un momento de la parrilla de salida de Ángel, quien consiguió clasificarse para la final al hacer la octava mejor vuelta de todos los participantes. Y la otra es servidor, tras uno de los (pocos) momentos brillantes de sus 34 vuetas al circuito, al finalizar un doble adelantamiento que quitó el hipo de algún grillo que miraba al calor de la mañana. Y sí, lo habéis reconocido, el dedo es de Castaños, ese gran camera-man que no sabía dónde estaba el objetivo de la cámara de mi móvil.

viernes, julio 29, 2005

Oficialmente de vacaciones

No ha sido precisamente la mejor semana de mi vida (laboral), pero por fin ha terminado y, desde hace más de cinco horas, estoy oficialmente de vacaciones.

Con calma y tranquilidad, preparando la cabeza para el viaje. Del resto, ya habrá tiempo durante el largo fin de semana.

lunes, julio 18, 2005

¡Me voy a New York!

Bueno, bueno, bueno, ya no queda casi nada.
Dos semanas completas y comenzaré lo que, probablemente, será el viaje más emocionante de mi vida.
Voy a vivir en un sitio del que no había escuchado hablar, llamado Pomona, NY. Está subiendo el Hudson, a una distancia considerable de NYC.
Ya nos apañaremos...
Tenemos algunas cosas pensadas: un partido de béisbol en el campo de los Yankees, una entrada a un musical que ha comprado Enrique y un parto.
Sé que voy a visitar las instalaciones de Marvel Comics.
Sé que me voy a hace centenares de fotos en Central Park.
Pero creo que dejaremos un pequeño margen a la improvisación.
Porque no todo es planificar.
Iré poniendo aquí los preparativos, las ideas que se me ocurran...

miércoles, abril 27, 2005

Acabando, comenzando


2 en 1
Originally uploaded by celesj.
El adolescente que todavía no es Superman y el Batman que todavía no se ha estrenado comparten cartel en la prensa americana, a propósito del estreno del último episodio de Smallville. Del último episodio de la cuarta temporada, ojo, no de la serie, no vaya a ser que alguien diga que he dicho otra cosa. Je. Falta una semana para que se vea; claro, en las teles americanas, porque lo que es por aquí, Televisión Española tardará meses (o no, quien sabe; ellos, seguro, no) en exhbir los episodios que quedan en la nevera. Este verano veremos cómo ha discurrido la cosa en el pueblo americano que acoge al extraterrestre más famoso de la historia. Los que tengamos el canal de pago, claro.­

martes, abril 12, 2005

En un Khsar tunecino


En un Khsar tunecino
Originally uploaded by celesj.
Que inspiró a George Lucas, por cierto....

lunes, abril 11, 2005

Ellas dos

Dos mujeres hermosas caminan por el parque
sus manos cogidas
ignorantes del mundo que hay alrededor.

Dos pares de ojos se miran dulcemente
buscando en lo profundo
el deseo que saben que sienten.

Dos corazones laten y se aceleran
esperando el momento
de poder estar cerca, una vez más.

Y después, en la soledad,
dos cuerpos desnudos bajo el agua
se acarician despacio.

Dos manos que rozan y aprietan,
dos manos que entran y se quedan.

Dos bocas que se besan.
Los labios rojos, que se muerden.

viernes, marzo 25, 2005

My sad Wile E. Coyote

I stole this here, where you can find paintings and even fragments of the beautiful movies.

Because Wilie E. Coyote is a very important part of mine.

Road Runner and Wile E. Coyote

It's an eternal battle of need versus speed, aggravation versus acceleration. Throughout Road Runner and Wile E. Coyote's careers in over two dozen Warner Bros. cartoons chronicling the duo's encounters, their classic chase formula has never lost its tension. The luckless Wile E. comes up with increasingly elaborate and seemingly foolproof schemes to snag Road Runner who, oblivious to the danger, always eludes the pathetic coyote's painstaking plans. According to Chuck Jones, the duo's creator and chief director, in Chuck Amuck: The Life and Times Of An Animated Cartoonist, he and the artists behind the Road Runner and Wile E. cartoons adhered to some simple but strict rules:

Rule 1: Road Runner cannot harm the Coyote except by going Beep! Beep!

Rule 2: No outside force can harm the Coyote -- only his own ineptitude or the failure of Acme products. Wile E.'s ineptitude, possibly a by-product of his distracted obsession with catching Road Runner, is compounded only by the Acme company's products - which may work for other customers, but seem never to work for Wile E., who repeatedly risks life and limb counting on their effectiveness. In Operation: Rabbit, for example, Wile E. constructs an elaborate Acme-manufactured contraption guaranteed to catch Bugs Bunny. Inevitably, the apparatus fails and Wile E. is defeated once again.

Rule 3: The Coyote could stop anytime -- IF he was not a fanatic. (Repeat: "A fanatic is one who redoubles his effort when he has forgotten his aim." - George Santayana) Of course he can't quit; he's certain that the next attempt is sure to succeed. He's the personality type that twelve-step programs are made for. Of course, first you have to want to quit.

Rule 4: No dialogue ever, except Beep! Beep! Oh, and the occasional dialog sign that comes in handy just as Wile E. realizes that his efforts are going to bring him nothing but big pain.

Rule 5: Road Runner must stay on the road - for no other reason than that he's a roadrunner.

Rule 6: All action must be confined to the natural environment of the two characters -- the southwest American desert. That's because there's everything you need for a funny cartoon in one place: winding roads, peaks, canyons, cacti, and boulders, all of which defy conventional physics. In Chuck Jones' classic There They Go-Go-Go!, the starving Wile E. resorts to creating a chicken out of the desert mud. When the speedy Road Runner whizzes by, friction causes the road and Wile E.'s feet to catch on fire, sending the coyote into a frantic craze, in which he attempts to capture his prey with a rope, a sling-shot, a rotating circle of spiked balls, a booby-trapped ladder, and a pile of rocks.

Rule 7: All tools, weapons, or mechanical conveniences must be obtained from the Acme Corporation. Talk about the first real example of "branding" in American commerce! Of course, not even an Acme brand Burmese tiger trap, an Acme brand steel wall, or Acme brand muscle-building vitamins can help Wile E. catch-up to the supersonic Road Runner in Stop! Look! Hasten!

Rule 8: Whenever possible, make gravity the Coyote's greatest enemy. Another Chuck Jones' classic, Scrambled Aches, has Wile E. watering a rock in order to grow it to boulder-size so he can crush Road Runner flat in his tracks. In true Wile E. style, the rock expands just as the tottering coyote lifts it over his head, letting gravity take its course. It's the law, you know.

Rule 9: The Coyote is always more humiliated than harmed by his failures. Easy for you to say.

Rule 10: The audience's sympathy must remain with the Coyote. From Beep, Beep to Zipping Along to Freeze Frame, and despite his constant failure, fans continue to love Wile E. Coyote and his always one-step-ahead costar, Road Runner.